ME QUEDA LA PALABRA

Anoche, en la orilla del Ega, estuve charlando con el único librero de toda Tierra Estella. Hablamos de diversos temas: el auge del fascismo, la dejadez del ayuntamiento de esta bella ciudad que ya lleva tiempo oliendo a mierda, la falta de libertad de expresión que existe en este país de fútbol, toros, misa, copazo y Farias. 

 

Suelo madrugar. Me gusta tomar café en el bar y pasear por las calles de Lizarra. Ayer fui a la biblioteca a devolver un libro y se me retorcieron las tripas al pasar por la calle Julio Ruiz de Alda. Que noventa años después de aquel atropello a las libertades que fue el golpe de Estado sigamos teniendo calles con nombre de fascistas dice mucho de la sociedad en la que vivimos. 

 

Confío en que a este paupérrimo equipo de gobierno municipal le queden cuatro telediarios. Sin embargo, soy escéptico en cuanto a la alternativa, y me explico: ¿Dejará la nueva alcaldía de mancillar a la “florecica” de Larraga? ¿Prohibirán la aberrante tortura animal en las fiestas? ¿Dejarán de hacer el ridículo sacando a pasear a su muñeca de madera forrada de plata en las procesiones? Temo saber las respuestas. 

 

Ante el mundo atroz que se avecina, ante la impunidad y la falta de escrúpulos, ante la guerra y el genocidio, ante el fascismo imperante, ante la secta catolicona, como dejó escrito Blas de Otero, me queda la palabra. 

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